Imagen sacramental heredada también de las antiguas hermandades, obra del siglo XVIII que procesiona en el Corpus.
Responde al modelo montañesino pero con la impronta propia de un artista del momento que con gran realismo talló un gracioso cuerpo y un hermoso rostro en el que se simultanéa la inocencia infantil y la serenidad profunda del Niño Dios. |